lunes, 10 de noviembre de 2008

Real Life



"But if I had a real life
I could break the mold
And maybe steal life
From those who stole it"
Nellie McKay




Casi como el sol que sale a las mañanas, estas letras me han robado el nombre. Y no sólo ello sino que se llevaron casi todo, incluso mi ser. Ahora ya no me veo en los amaneceres, ni menos en la forma desfigurada de los espejos, tampoco como algo que sea ni tampoco que es. Sólo me veo cuando realmente no me veo, cuando realmente algo se dice escapando a su ser.


Me han hecho creer estas letras en las madrugadas, que conocer el mundo es como andar en tren. Me han hecho recorrer eternas noches e imposibles estaciones. Me han hecho morir de frío, de amor y de sed. Me han hecho morir de todo aunque todavía no de muerte. Me han hecho caer siempre en la trampa de su ser: evocaciones del día que no viene, que no vino, que no fue ni que es, pero que es todos los días y todos los tiempos, y como estas letras todo su ser.


Mucho les debo a estas letras que me han dado la vida y que me la han quitado. Les debo a estas letras todos los mundos a saber. Les debo porqué no los amaneceres, los llantos, también las creencias y las amistades, y porqué no la venganza y la fé también. Les debo la realidad, que no es mas que fantasía. Les debo las verdades que no estoy dispuesto a creer, la metafísica y el cielo perdido. La risa. El silencio. Luego las bromas de siempre y las cosas que no sé. Les debo las cosas efímeras y los carteles en los viajes. Que algo empiece y por eso termine. Que algo parezca algo decir. Incluso la rima y otras raras pretenciones, quizás incluso mi afán de vivir.


A estas letras les debo todo y a la vez les debo nada. Por otro lado, ellas se deben a mi. Porque aquel mundo que me han robado, no creo jamás volverá a mi.

domingo, 12 de octubre de 2008

The in Crowd



"In the future everyone will have their 15 minutes of fame"
Andy Warhol






Las voces que nos llevan a una misma voz que no es nuestra, que no es de nadie. Ni de las palabras, ni de sus dueños. Porque no hay dueños. Porque muchas veces eso que llamamos voz no es más que una sonrisa sin gato. Luego, comprar una coca diet, las siete de la tarde, el semáforo que nos dice: deténte, ten cuidado, avanza en esta ciudad de las movilidades, de las nubes que se saben llorarán por los diarios y, bueno, después de todo, hay que usar la ropa para los llantos, las risas, las manos sobre las piernas y cosas por el estilo.


Lógica pérdida del sentido en las (des)apariciones, repeticiones y otros juegos de la insistencia, superficie del lenguaje. Fuga, escape de las palabras que se devoran a las caras y a los responsables. Que sé yo, ante la esperanza de que todo será efímero, hasta la comida, la vivienda y el agua, qué mejor que ser un amante de Edie Sedgwick, de las latas de Warhol, de estar en esas películas que evaden a las cosas profundas, a los intentos de hacer creer que la vida pesa, que pesa mas que una lata, que un gato, que una modelo.


Yo que quiero tomar algo light, dejar las siestas para los profundos, el llanto para los pronósticos y que me vean, despues de todo, el sueño pasa por ser famoso, ni héroes, ni villanos, mientras los feos se dedican al arte.

lunes, 8 de septiembre de 2008

I am nothing

"Please don't leave me now
I am nothing
Please don't leave me out
I am nothing".
Nellie McKay


Quizás no sea tan triste ser un escritor dominical y surgir de los entretiempos de la conciencia y el deber mundano. Tal vez no sea tan humillante pasear por los pasillos de nuestras almas tal como los museos juguetean con los recuerdos. Yo espero eso en nombre de otros yoes. Un poco por miedo a abrir la puerta de mi casa y encontrarme con el mundo como eso que todavía no termino de descifrar a cada paso, como eso que me sorprende incluso (y sobretodo) si se presenta en forma de regularidades que no comprendo. Y otro poco porque me excuso de las tareas regulares que me crean hábitos que lejos están de hacerme algo o alguien pero que son necesarios para vivir con seguridad y sin torpezas.


Entonces, allí es cuando me siento solo y comprendo las otras soledades, la tarde que se disuelve en la negrura de los sueños y los ojos que se cierran. Y no lo comprendo como se comprenden las cosas que se saben, las comprendo como se comprenden esos dolores que nos hacen torcer la posición del cuerpo y abrir la boca anunciando un grito que jamás existirá, a pesar de tener en tal expresión todas sus letras.


Por eso te pido que me leas, porque soy nadie, porque soy sólo letras. Porque el cielo, donde ya no veo a dios sino a una gaviota irse, me trae tus ojos que hacen real a cada palabra. Porque soy nada. Casi la utopía de alguien libre de compromisos como para amar, un inexistente libre de la existencia de amantes y de enemigos. Probablemente pueda aparecer una brisa que a uno le devuelva el aire perdido por las palabras. Entre tanto, uno evita el sueño y sigue con su vida de cada día.

miércoles, 20 de agosto de 2008

Won't U Please B Nice

























"If you run I'll pull a gun
Give me head or you'll be dead"
Nellie Mckay



Que sí, soy tuyo. Aunque no lo hayas sabido esa noche cuando yo, yo... ya era parte del frío y de las calles rotas. No lo supiste a pesar de que no pude esconderte mis manos ni mis penas. Yo que me hice transparente y como muchos que prefieren creer en la polisemia del lenguaje y en la falta de verdades, entonces traté de decirtelo con pedacitos de hojas de algún otoño. Quizás también hubiese querido creer lo contrario, que la soledad no me apunta con sus armas cada vez que te suelto de la mano o, peor aún, que en realidad te encuentro en mis soledades. Entonces recurro al lenguaje del cuerpo que dice menos y juego con mis sombras para intentar perderte pero no puedo. Hacer ello sería condenarme a una muerte en el abandono.

Rara esta sensación de no saberse propio. Rara la manera en que ahora me pierdo en los espejos. Yo que ya dejé de ser solo yo para ser tu/vos u otros y ahora tuyo. O una mano que se amarra a otra o un destino que persigue a otro destino y que no pueda sino dar sombra para que ese fragil cuerpo se refugie de la lluvia, de los peces muertos que caen del cielo, de los rayos que me callan cuando lloro.

Raro que no me hayas sabido tuyo, porque si somos honestos, si realmente lo fueramos, sabrías que estuve en todas tus historias, estuve viéndote a los dos años cuando ya aparecía ese rostro de niña que daría sol a mis nostalgias, también estuve en tus juegos de muñeca o en alguna canción que cantaste de adolescente o en todas esas formas en que simbolizas al amor. También estuve en tu primer beso aunque jamás lo hayas sabido. Yo era parte de ese labio que besabas cuando sentiste con tu lengua algo humano en ese cuerpo. Yo estaba ahí. Yo era parte de esa humanidad que encontrabas y no me parecería raro que te sorprendas porque yo también te encontré en otros labios, en otros amores, en otras risas. Pero la diferencia es algo sustancial, porque podrías decirme que yo no estuve jamás presente en esas narrativas, que jamás aparecí hasta ese día en que realmente aparecí. Pero no, quien ha leído al Principito sabe que ese niño hermoso estaba condenado a la muerte, que no podía sino caer en ese final, precipitado por ese destino. Lo mismo con nosotros. Cada cosa, cada pequeña cosa, me llevó a perder esa pertenencia a mi mismo y eso fue todo un proceso, tuve que pasar por otras caras, cuerpos, ciudades, vidas, para darme cuenta de ello. ¿Qué prueba tengo? Pues, dejame pensar... son muchas. Fijate cuando hablamos de muchas cosas, distintas y las palabras se nos aparecen idénticas y se nos presentan como "nuestras" o la primera reacción ante algo poco habitual o los momentos en que al abrazarnos realmente somos nosotros. Si, eso. Cuando somos nosotros. Cuando dejamos de ser vos y yo y somos nosotros y recién luego somos vos y yo. Esa es la prueba de que no soy propio, esa es la prueba de a quien iban todos mis besos, poemas, canciones, vivencias.

Es una pena perder tu silueta en la noche e imaginarte buscándome en otros labios. Sí, aunque no lo sepas. Aunque en realidad no sepas lo que buscas. Sería una pena pensar que nos encontraremos a los 60 años diciendo en chiste: si te hubiera obligado a besarme siempre hubiesemos sido esposos, amantes o los mejores amigos. O, peor aún, admitir muy tarde que somos "nosotros", que muchas cosas que creíamos individuales, personales, no eran sino algo poco sustancial. Todo por no saber dónde está el amor y confundirlo con las pasiones, todo por que hasta en este momento en que parezco tan seguro con mis interpretaciones me siento un loco, porque el mar es calmo cuando dos personas se aman. Luego vienen las agitaciones, pero en principio es calmo, y no necesita de sacudir al cuerpo de exterioridades y volverlo loco. Para eso estan las pasiones y los excesos, para eso sin lugar a dudas está la exageración del yo que es tan común en estos días de otoños y de ausencias.

En fin, ya que no lo supimos, por favor, al menos, sé dulce conmigo. Tengo un arma en la mano que puede matarte si no me das un abrazo.




viernes, 8 de agosto de 2008

Clonie

Oh, clonie, how I love you
I'm the only person I ever loved
Nellie Mc Kay



Yo que gusto de pasear por estas calles en donde no estoy. Donde hay otros nombres que no son míos. Serán de otros que murieron en otras guerras, por otros amores. Yo que gusto de mirarme al espejo, saber que sólo soy mi amigo, ni un amante, ni la cara más evidente de que soy yo mismo, sólo mi clon, mi sombra, mi propia historia que he inventado como la ha inventado Sherazade, la canción triste que suena hace miles de meses en mi guitarra, la voz desgarrada de la mujer que lee mis textos y piensa que soy uno, que cuando los trenes recorren países uno sigue siendo el mismo, por mas que el amor se parezca a viajar con flores en las manos, mas precisamente girasoles ante la risa de gente de todas las nacionalidades, el amor, algo fuera de moda, algo gracioso, algo como caerse de repente, o confundir las palabras, los idiomas, las calles, las personas, los caminos, los destinos, las nacionalidades (de nuevo).

En el fondo me pregunto, mi querido clonie, si sigo siendo cínico conmigo mismo. Me pregunto si realmente te he querido como debería, pues debería hacerte lucir bien, mostrarte sonriente ante los demás. No poblar de mucha filosofía tus palabras, porque eso asusta. Porque cosas así, sinceramente causan miedo. Debería haber una ley que prohiba las abstracciones cuando dos personas quieren tomarse de la mano o mirar el cielo o respirar solamente para sentir verdadero aire en sus pechos y no para generar abismos entra cada latido. Pero yo no puedo. Terrible, clonie. Yo necesito eso que se llama "darle significado a los días", ordenar las fotos por clasificaciones imprecisas, de días, situaciones, contenidos, besos o no besos y espacios especiales para los amores.

Si, querido clonie, todos lo sabemos, los hombres no somos bellos, sólo tenemos historias para enamorar, cosas que contar, casas para poblar y muchas veces, cuando somos sinceros, no tenemos nada. Por eso buscamos, porque nacimos con un agujero en el pecho y pocos nos damos cuenta de eso, sólo lo sabemos cuando evidenciamos nuestra transparencia y penetrabilidad ante las caricias o las miradas o cualquier insinuación mínima de humanidad.

Mientras tanto te tengo a ti, querido clonie, y te visto y te llevo a los museos y a leer y uso tu nombre para firmar mis textos, yo que en el fondo te quiero tanto y tengo tantos planes para ti, cosas como hacerte humano y que puedas salir del espejo, o no. En realidad te preparo para algo mas importante, pues así es mi amor por ti, te preparo para la muerte, mi querido. Así que espero que vayas a visitarla a ella con la cara sonriente, sin ningún rasgo similar a nuestra amiga la muerte, ni siquiera en tu aliento, háblale de amor y tómala de la mano, asi seguimos ocultando el sentido oscuro de nuestras vidas.

miércoles, 16 de julio de 2008

David II

Y los amantes se deshacen como los helados...

Yo tardo mucho en creer en esas simetrías, quizás porque los directores de tesis quieren trabajos acotados, bien puntuales, hiperespecializados, que no hablen del universo sin referirse con la precisión de las palabras a un mundo casi fácil de tocar con las manos, como si existiera la posibilidad de saber de esa manera, dando manotazos y llevando las cosas a bolsas de plásticos. Entonces me cuesta convencerme de lo que veo aunque sepa que es inevitable. Los helados. Los amores que no tienen cultura específica ni un nombre y que aquí, en Berlín, que es todos los lugares, pueda ella que es oriental/egipcia/mujer/occidental/alemana/una caleña que es como las flores acercarse a él con las piernas debilitadas, dobladas, sin aire, sosteniéndose como una hoja de otoño a una rama que no termina nunca de caer, como si la vida no fuese mas que una caída. Cosa tan parecida a un mural de arte egipcio, al final prematuro de Ofelia, a los juegos en los que los niños esconden sus sentidos metafísicos. Al escondido. Al periodo oscuro del surrealismo. A las cosas que todavía no sabemos. Como vivir, amar y ser felices.

Dos ratones jugando entre la vía. Otra prueba ineludible de que el progreso no puede saturar la vida en la mas insignificante de sus formas. Es que en la vías tambien hay vida y juegos. Sutil fracaso del mundo moderno que se escapa entre los caños y los cristales de los ojos desprevenidos. Trenes que no detienen la prisa. Perros amaestrados que suben con diarios en la boca. Pasean y en el fondo creen en la dignidad del trabajo. Yo no tengo cambio. Quizás de diez o de veinte. Pero en el fondo sigo siendo el mismo. Manera triste de confirmar que el ser es uno. Yo el mismo que leía a Borges, jugaba no tan bien al fútbol, escribía por antojo y camina como si hubiese perdido algo, al de los incontable nombres, el que se enamoró de ella, el que ya no habla con él, el que antes escuchaba aquello y ahora lo otro, el que alguna vez sonrío al leer la biografía del che guevara, sigo siendo el mismo.

Entonces las simetrías vuelven a tomar su rumbo. David es pronto alguna otra que una vez amé y no atendió su teléfono. Hamlet soy yo creyendo en la justicia, en la forma perfecta que deben desarrollarse las cosas. Mis amigos son aquellos otros que una vez intentaron convencer a Sócrates que no se mate. Que no muera. Que persiga el camino que lo aleje de la muerte.

Y los amantes se deshacen como los helados...


La casualidad de convencerse como Niklas Luhmann de que el amor y la pasión se confunden. Que a veces las piernas que rozan piernas son como los helados y no como los amores. Que se derriten. Que parecen dulces pero ensucian. Que son ricos. Que los hay de todos los sabores. Que si no tienen buen gusto nadie los come. Y que son muy pocos los que se enamoran de sus huesos.

viernes, 11 de julio de 2008

David

Y que más. Sólo ella puede oír detrás de las paredes. También ver, sentir y conocer las verdades que se refugian en el corazón. Las esencias. Ella que es un niño y que se parece al Sócrates que no sabe nada y que por eso sabe. Porque ni la muerte le es tan obvia. Porque los sueños no son solo ojos que se cierran. Porque en su mundo la verdad no se lleva en palabras muy pesadas.


David sólo mueve su rostro cuando hablas, casi retrata a la perfección la seguridad, la comprensión y los besos que se sienten en el alma. Lo demás es mentira. Arte de saber besar, arte de saber decir, arte de saber parecer, arte de saber. Lo demás es simulacro del amor, sensación. Seducción. Sincronizacióm de las pulsaciones. De letras. De conceptos.


Sólo el Principito ve las mañanas bonitas. Eso es porque reconoce a las boas que se comen a los elefantes de los sombreros. Tarea no tan sencilla cuando toda existencia parece ya escrita por alguien, por la Enciclopedia China de Borges o la Crítica de la Razón Pura de Kant. Lo demás puro automatismo psíquico. Mecánica de las almas errabundas en la geometría euclideana. Desesperación ante el conocimiento de las fronteras, de las categorías a priori del entendimiento, de las leyes innatas de la biología, y las inviolables razones del alma y la historia.


David no contesta. No llama. No escucha. Parece el mundo desintegrarse en un grito que no pasa al otro lado. Ella que es un niño que no tiene razones suficientes ni pretextos como para no preferir la muerte. Entonces no sabe. Entonces le seduce ser Ofelia, algo inevitable en las almas conscientes de su soledad. A pesar de no querer morir como en Berlin entre paredes silenciosas. Como los vasos de plástico que aplastan las manos siempre sedientas. Ella cree en la muerte como un juego, que puede hablar a través de ella, que puede reir después de ella.


Nellie Mckay que renuncia a pensar con tal de tener a su hombre. Tarea poco sensata y melancólica pero al fin y al cabo disyunción entre el saber y la soledad. Disyunción entre esta forma de separarnos del mundo y la más ingenua pero posible forma de transcender nuestra mismidad: como el yoghurt que se mezcla con los cereales para ser algo sin nombre. Como eso que no es ni día ni sol. Ni noche ni mañana ni pasado mañana. Tampoco ayer ni hoy. Como aquel azul del que está hecho el cielo y nadie sabe y que es todos los azules y todos los cielos.


viernes, 4 de julio de 2008

P.S. I love you II

Son pocos los que saben de las muertes en los trenes. Menos gente aún ha visto a Winnie Poo abrazando las vías donde duermen los sueños. ¿Qué niño bonito lo habrá arrojado y antes abrazado? ¿En qué cumpleaños habrá sonreido primero, en de los ositos cariñosos o en los de las brujas malvadas? ¿Cuántos besos tendrán sus mejillas cosquillosas? ¿Qué bonita niña habrá desayunado temprano para ver su cuerpo pintarse con su sangre, de amor mas tarde, pero primero con su sangre? ¿Qué se escurre con los días? ¿Será miel, manteca o queso? ¿Porqué los trenes no lloran?

Ella se maquilla en los trenes. No tiene tiempo. Nada tiene tiempo. El tiempo es algo que descubre la gente que ve partir a los trenes. Luego de los abrazos y unos besos invisibles. Todo lo demás se parece a las iglesias góticas cuyos techos parecen huir al infinito.

Ella sigue siendo hermosa y cuando me mira es tu o vos y los verbos se conjugan de otra manera, si fuera en alemán tendría además otras declinaciones o perderia la "s" en inglés. Entonces todo cambia. Tambien cambian los intentos de decir las cosas, porque el presente no alcanza... porque hablar como si todo fuera eterno es imposible, sobre todo cuando amar no es una rutina. No es como levantarse a las seis de la mañana porque los trenes se escapan de las ciudades, ni tampoco es como tener una edad, o un país de origen o una lengua madre, tampoco es una ley fisica. Amar no tiene la permanencia del tiempo gramatical de las palabras, tampoco es fugaz como los humos de las esperas, a pesar que tenga la duracion de los pestañeos. Quizas es como el sol poniente que es todos los soles ponientes. Quizas Hamlet ame a través mío y yo también a través de Hamlet. Quizas sea un dios el que ame a través de nosotros y nosotros a través de ese dios que todavía no creó el universo. Quizás el amor es esa forma de saberse atemporales, sin tiempo, sin tener tiempo, ni siquiera eternos, ni eternidad, sino a las corridas si es que queremos salvar a las agujas de los relojes o detenidos como las rocas que simbolizan la eternidad.

Ella se maquilla en los trenes y no se da cuenta de los peligros. Esa mujer que es todas las mujeres (porque es única), vive con el peligro como si fuese un juego mas (el único), como si fuese todos los juegos. Ella que vive como realmente vivimos todos si es que fuesemos todas las vidas (las únicas). Yo la amo como si las amara a todas, a las de antes, a las de mañana, a las de ahora, a las de nunca. A las malvadas y a las tristes, a las que no me sujetan la mano cuando caigo, a las que me levantan, a las que me hacen reir y a las que solo consiguen que llore.

Yo la miro como si no pudiera salvarla de que la ame. Como si el tiempo fuese tan irreal como la distancia. Yo que no puedo evitar que esas vías sean todas las vías y sus muertos, todos los muertos.

miércoles, 11 de junio de 2008

P.S. I love you

Quiero que me ames. Que los días que llueven, una de mis cuatro manos sostengan el paraguas mientras millones nos abrazan. Que el sol no se esconda nunca como en las primaveras de Berlín. Que mientras con dos pies bailo, con los otros dos saltemos por los techos. Quiero tus risas dibujadas en las mías. Que nuestras sombras no se distingan de nuestras sombras. Que ya no haga falta nombrarme otro ni siquiera nombrarme. No quiero mas un despertador a las seis y treinta y cinco de la mañana, sino caricias cuando un rayo del sol asesine a mi almohada. Necesito que me ames para poder creer en el hombre y no en la soledad. En la paz de los besos y no en la guerra de los labios. En la esperanza que trae cada caricia.

Quiero que me ames. Que todos los días intenten ser hermosos. Que los gritos de la ciudad no me duelan. Que las conversaciones sean infinitas e inagotables. Que mis brazos sean abrazos y mis palabras no sean vanas. Que el tiempo sea nuestro y no de los relojes. Necesito de la belleza de la alegría. De tu risa anunciando el sentido de cosas olvidadas. O la bonita manía de creer que las cosas del mundo nos hablan a nosotros.

Quiero que me ames, no porque sea débil sino porque soy hombre. Porque quiero ese poco de eternidad, paz y redenciones que prometen el arte y las ideas bellas que hacen que el hombre se mejore a sí mismo.

Quiero que me ames, porque estoy cansado de la muerte, del cielo fabricado, de las calles limpias o sucias pero que siempre llevan a las mismas calles. Quiero que me ames como si el hombre no hubiese muerto. Como si jamás nadie hubiese hecho sufrir a nadie. O como si ningún hombre hubiese matado a ningún hombre. Quiero que me ames con simpleza e inocencia.

Quiero que me ames, no para amarte, sino porque te amo. Tampoco por el aborrecimiento al vacío que sienten las almas que se saben arrinconadas por la soledad. Porque lo cierto no es que el mundo está partido, sino que lo partido es el mundo y que nosotros somos ese mundo disuelto.

Será entonces por ello que todo hombre, más alla de las diferencias, está hecho de pedazos. Será entonces por ello que no bastan las palabras y que todo deba reunirse y las almas encontrarse. Será entonces por ello que no hay razones, simplemente te amo.




lunes, 9 de junio de 2008

Zombie

Las puertas se cierran y empieza el viaje. Cada segundo está controlado. Do the zombie. Las puertas se cierran. La espera. Do the zombie, woah, yeah. El próximo camino ya se sabe. Do the zombie. Las oraciones terminan en claros puntos. Do the zombie, woah, yeah.

Gente que espera en la puerta su salida. Sha, la, la. Gente que espera en los andenes su llegada. Sha, la, la. En las escaleras caminan las piernas como agujas del reloj. Sha, la, la. Imposible perderse. So come on. Un mapa: el mundo también se sabe. Do the Voodoo Shake.

En el corazón del mundo: el tiempo. La medida de lo que es. La justa medida del ser. Nada de confusiones entre tantos colores: amarillo, blanco, negro, grises, verdes. Todo es tiempo. En su esencia movimiento continuo y regular. La multitud de lenguas no se confunden en ese tiempo único. Se configuran, distribuyen matemáticamente. Como si fuera el lienzo soñado por algún maestro clásico de pintura. Seguramente el sueño de Da Vinci. Ni que decir de Kant. Casi una demostración ordinaria de la Estética Trascendental, este tiempo único es la condición de posibilidad de todas las experiencias.

Así es la disciplina hasta en la mordida de los sandwiches. Las señoras que cruzan las piernas despues de trece pestañeadas. Trece puñaladas que necesitará ella para morir luego de bañarse. Un caso para el casi ridículo personaje de Borges: Lönnrot, en "La muerte y la brújula". Quizás no el peor mundo posible pero si en el que hace imposible los otros mundos. Un mundo para pocas sorpresas. Para una Nellie Mckay que no corra aterrorizada porque su sombra la persigue.

En el mundo de las formas, lo posible ha de seguir su constante repetición. Lo demás es perfecto:
Saber que uno llega a casa todas las noches. Saber que el día muere con la noche. Saber a cuanto hierve el agua. Saber cuantos hijos tener y cuanto vivir. Saber que los zombies no tienen que bailar. Saber el precio del tomate. Saber que las puertas se cierran. Olvidar que nuestras sombras nos persiguen.

sábado, 31 de mayo de 2008

Suitcase song

Será que nadie escucha los adioses. Que se desintegran en las conversaciones, las formalidades, las reglas de educación y los puntos finales que nadie sabe jamás que son puntos finales. Y uno que siempre viaja y debe quitarse los zapatos para subirse a los aviones, atravesar los paises, los lugares distantes, como si hubiera algo terrible que pasar. Como si los viajeros fueran mas peligrosos que los pueblerinos. Como si el mal no estuviese en todas las ciudades, en todos los nombres y en casi todos los mundos. Y como si los adioses no se nos olvidaran con las maletas. Atravesando controles de seguridad. Escurriéndose entre las preguntas en muchos idiomas para saber si uno es o no es un terrorista, un inmigrante desocupado o todos esos males que aquejan al primer mundo y poco tienen que ver con estar descorazonado. Porque los corazones no resisten a las mudanzas, a las casas con distinto techo todas las noches. Hay que ser internacionalista para amar a todas las mujeres. Lo demás es cuestión de tener efectivo y de serlo.
La imprudencia de no tener bien hechas las cuentas o bien anotadas las direcciones. El poco tiempo para conocer las cosas bellas y a las personas. Las ciudades que no se detienen. Las cosas que no llegan con uno. Nellie Mckay diciendo que le falta una maleta. Yo buscándola entre mis bolsillos, el teléfono que no suena y la almohada que se hunde. Ella como buena ciudadana newyorkina sabiendo lo que es la pérdida. Casi una redundancia con las películas de Woody Allen: Annie Hall se despide desde una maleta.
Conclusión parcial: son los viajeros los que pierden al amor y los pueblerinos a los amantes.

miércoles, 30 de abril de 2008

I Wanna Get Married

Hay dos cosas inevitables en esta vida: la muerte y el casamiento. Lo demás parece un simulacro del tiempo. Quizás pura distracción. Tránsito sin mas. Trivialidad. Ideología.

No se trata sólo de que el Amor se remonte a los más recóndidos tiempos, sino que antes de toda consideración metafísica sobre el otro hubo soledad en el hombre. Divorcio entre el mundo, los otros, los demás, dios, las palabras, las cosas y sí-mismo. Como si el momento que inaugura aquello que se llama hombre fuera una ruptura de una relación con el mundo, de un lazo que se rompe. Como si al principio la unidad y la ruptura de esa unidad primogenia. Antes incluso de la consideración de la muerte, antes del hombre muriente, antes del hombre mortal: el hombre divorciado. Por eso la tragedia. Por eso el consuelo de lavar los platos, de esperar con una sonrisa, de procrear hijos sanos, caminar de la mano por las calles, preguntarnos sobre el ser. Porque mas acá de la muerte, la soledad. La disociación con el mundo, con el cosmos, con las calles, con las manos que sujetan las manos de otros, rompecabezas o rompepelotas, urgencia de una ontología que sujete las sombras con lo que le daría razón de ser y que nos sujetaría de nuevo con los demás. Como si alguna vez hubiese un Edén, un segundo milagroso donde la unidad o al menos el paraíso de la cercanía con nosotros mismos.

No hace falta respaldo en ejemplos ni menos aún la construcción de una teoría. Estos asuntos pueblan las conversaciones, la literatura universal y las telenovelas de la tarde: Ella sueña vestirse de blanco, un hijo que sepa sonreir, caricias cuando la noche se disuelve. Uno que usaría el traje para cumplir esa fantasía. Despertarse a la mañana, trabajar, y luego alimentar a los hijos con historias de joven, de día, de mes, de fútbol, de política, religión y todas esas cosas que parecen dar aliento a la vida social. La muerte en una esquina, sin más. Como riéndose de ese anhelo de sobreponerse a ella. Como diciendo: ja, hijos. Como Cronos atragantándose con hijos. Piedras. Rea. Y ella siempre vestida de blanco, de ella, sin fuerza en las manos, llantos de a cada tanto, sin caballos blancos pero con cabellos blancos, sonriendo en los sueños, quizás frente al espejo y yéndose siempre. Como si sospechara que en realidad ocurriese todo lo contrario a la soledad, que cada dedo está sujeto por una mano, que cada isla está unida por los mares y los rincones por el silencio. Quizás ella sabe lo mismo pero de otra manera. Que si bien al principio el divorcio, es inminente la unión. Como en La Trama de Borges: todo fue un engaño para repetir las simetrías y las escenas. La muerte advendrá sin más, como la traición, los lugares comunes y el casamiento. Citando a Nellie McKay:
"I wanna get married/ That's why I was born".

martes, 15 de abril de 2008

Long and Lazy River

Pude saber que era tarde. Que siempre es tarde. Que los demás jamás se equivocan. Que si pasa la cuestión por ser responsable, entonces no voy a poder mirar al costado. Fue mi responsabilidad. El tren solo se mueve linealmente, no piensa cuando cierra sus puertas ni hay un destino muriendo dentro suyo. El tren se fue y listo. Por la impuntualidad o la electricidad o lo que sea, porque la gente no se compromete, por que no llegué en el momento preciso, porque el tiempo en que el corazón bombea sangre al cerebro y las demas partes del cuerpo y... bueno, por la inexistencia del instante, porque hay cosas que no tienen cálculo y porque tapé mi boca con puras risas. Entonces el tren pasó y no me escuchó gritarle que podía morir si se pasaba y pasó y el reencuentro fue imposible y sus puertas se cerraron para siempre o hasta el nuevo viaje, pero ya mi boleto no sirve, que más. Como si no hubiese sabido desde el principio que el otro es lejanía, punto utópico de encuentro, que hasta los ingenieros motrices saben que los autos no se pueden fabricar con dos volantes, que es imposible conducir dos destinos al mismo punto de llegada, que si usara un buen reloj en mi muñeca o que si hubiese perdido menos tiempo en elegir la corbata que quería usar...

Debí escuchar a la niña que cantaba en el tren del otro día, hablaba de los elefantes que se balanceaban en las telas de las arañas y pintaba con un crayón los vidrios. Y uno que cree que puede seguir sumando elefantes a las telas. Esto de la irreversibilidad del tiempo, de las tasas que se rompen y no se reconstruyen jamás, de la leche derramada, de quemarse con leche y llorar al ver una vaca. Y lo peor, no saber jamás que pasa del otro lado. Porque esto de construir puentes en el vacío, de no saber si una persona está loca o no. De no tener ninguna seguridad ni siquiera de la psicología, de la sociología o de la cosmética. Quizás si el estudio de los astros y las personalidades sería de alguna ayuda... pero si dos mellizos nacen juntos a la misma hora y uno es rico y el otro pobre, sus destinos serán iguales? Que sé yo. Para San Agustín esto bastaba para refutar a la astrología. Entonces qué queda. Casi la fé religiosa para creer en el otro, meter las manos en el fuego, dice el refrán, sin que ninguna ciencia del después nos garantice nada. Quizás ni siquiera se trata de garantías, sino mas bien de llegar a tiempo, de los momentos precisos y de.... no sé, la literatura se nutre de tragedias...y la Física... cada vez se remite mas a cuestiones menos sustanciosas, es más, sirvió solamente para que el tren se vaya por no sé que ley del movimiento y también por estudios avanzados de ingeniería y electrónica.

Puf, esos saberes no ayudan en nada, sólo el saber de los horarios, porque si hubiese sabido el tiempo de salida... lo demás está de sobra, incluso la conciencia o inconciencia de mis actos, o la clase social a la que pertenezca. Jamás sabré si ahora hay odio en ella o si volveré alguna vez a verla, aunque sepa que los casquetes polares se derritan y que el sistema solar tiene cierta cantidad de años de vida o que el sistema capitalista decline en una crisis financiera irreversible que lleve a la hermandad automática del ser humano. Y de dios... bueno, sé poco, y no sé bien a que religión pertenece y además no lo conozco como para pedirle ayuda... y hay quienes sostienen que existe... pero el punto es que no fui una buena creatura. Yo soy de los que llegan tarde. No sirvo para los trenes ni las religiones. Pero ella... quizás está esperando el tren como la vez que la conocí, porque ella tiene aspecto, características, de personas de fe, porque sino... para que esperar si no se sabe? además, la mujer a diferencia del hombre tiene la posibilidad física de extender la vida y de sentir esa experiencia en su propio cuerpo y el hecho que haya tenido una amiga o una tia o vecina o haya escuchado alguna canción romántica de Nellie Mckay y sonría al hacerlo... no sé, le debe hacer creer en la humanidad, aunque hubiese sido mejor, me parece, que no vaya a esperarme... porque yo no llegaré jamás, porque el ser humano es distancia y eso desde que nace y el cordón umbilical se corta, como los trenes que cortan en mitades a las personas luego de cerrar sus puertas, y que sé yo, quizás haya un río largo y perezoso en mi alma que me impida tomar los trenes.

martes, 8 de abril de 2008

Tipperary

Mirar la luna, el mar. Todas esas cosas olvidadas. Nosotros. ¿yo? El cielo perdido por las calles. Los sonidos de las botellas cuando se abren. Extraviadas risas de los amigos. Sólo nos quedan las partes. Todas las cosas que se pierden cuando se sabe. Cuando la mente decide avanzar a nuevas cosas dejando hojas en blanco o en negro o con la luna de fondo o con el mar a lo lejos. Lejos nosotros siempre. Nunca la calma. You will have a house in Tipperary. Nadie puede atar los cabos sueltos. A cottage by the sea. El mundo desparramado en pedazos. A cottage on the prairie. Solo las cosas. A home for you and me. Qué... me querés partir a la mitad? A house in Tipperary. Podremos encontrar un hogar? A house in Tipperary ¿adónde nos queda escapar? Where we can go out to our cottage by the sea.



Golpes. Brazos abajo. Rodillas que se hunden.





Uno... Todavía no hemos perdido. Dos... No sabemos si hay después pero puede haber mañana. Tres... No conocemos a las personas pero si los dedos gordos de sus pies. Cuatro... No morimos pero dormimos la siesta. Cinco... No somos felices pero sonreimos. Seis... No cantamos la oda a la alegría pero tarareamos a Nellie Mckay. Siete... No ganamos la guerra pero no perdimos la paz. Ocho... No apagamos el televisor pero tampoco las velas. Nueve... Quizás haya un hogar para vos y para mi. Nueve... Quizás mis brazos no sirvan para unir los mundos pero si para juntar las partes. Nueve... ¿ahora podemos dejarnos morir? Nueve... ¿después que no llegó a contar diez y la toalla no fue tirada? Nueve... ¿y sin habernos conocido?

sábado, 29 de marzo de 2008

Sari

Uno abre una puerta y la pasa, y luego viene el proceso de cerrarla, de mirar si hay alguien, de saber quién mira y quién debe recibir los saludos. Saludar, desde luego. Mirar a los ojos en la medida de lo posible. Sonreir, si se puede. Jamás evadirse de mostrar algún gesto que conlleve a algo ambiguo o que detente contra el status ontológico del Ser del otro. Sino pedir perdón. Y en lo posible no hablar ni de religión ni de política. Mientras tanto es dificil que alguien susurre un "te quiero" mientras uno tiene las manos ocupadas contando las monedas. Y la cara queriéndose perder en ciudades lejanas, donde todas las caras no se reconocen, porque todo es circulación: de la gente, de los bienes, de la moneda, de los deseos, de los susurros, de los amores, de las palabras, de los mensajes de texto y las llamadas.


Y así hasta el arte de pedir perdón es esfímero. Porque circula en los labios de los otros y de uno. En los supermercados, en las avenidas, en los subtes, en las peatonales. Y se parece más y más a un chasquido. Inaugura y cierra las relaciones amorosas. Los partidos de fútbol. Las religiones universales. Las canciones de amor. Sorry. Perdoname dios. No fue mi intencion. Disculpas. No lo volveré a hacer. Aunque no lo quiera. Aunque es inevitable que lo haga. Porque los perdones tambien ponen fin a las oraciones. Los párrafos. Las culturas. Las teodiceas. Las teleologías. Los negocios. Las utopías. Etcétera. Y que más. Si la literatura quizás sea una forma de perdonar al tiempo, a la convencionalidad de las palabras, al artificio de los temas universales, a la mortalidad del hombre.


Mientras tanto Dorothy Gale bailando con sus zapatitos de bruja. Buscando el regreso a su casa y las cosas que le hace falta a la humanidad: inteligencia, corazón y valentía. Yo la siento hablar en boca de Nelly McKay, la princesita de ciudad Esmeralda. Totó sigue ladrando y Kansas que es espera. El Mago de Oz, el fin de la historia y todas esas metáforas que sugieren el acto de cerrar un libro. A mi no me miren, ella fue la que dijo "Podrás leer mis labios pero no mi mente". Yo sólo la escuchaba tocar el piano y miraba la forma hermosa en la que pedía disculpas por su forma de vestir y de sonreir, sabiendo que en el fondo no creía en ello. Luego una carcajada, algo similar a la libertad, cuando comprendo esa ironía de tener la certeza de que mañana debo abrir de nuevo la puerta, saludar y pedir perdón hasta que se me rompan las rodillas.


lunes, 24 de marzo de 2008

Food

En Salta todo estaría quieto si no fuese por los colectivos. Se llevan las almas de las personas. Las ponen aquí, allá, acá. Las señoras con bolsas levantan sus manos para detenerlos. Pocos les dejan asiento. Yo como siempre llevo un libro para leerlo en tiempos de movimiento. Oscar Wilde saltando de un lado al otro. The Happy Prince and other Stories. Yo sentado al final para ver las cosas como suceden y de paso una ojeada. "Dear little Swalow...". La golondrina muere a mis pies sin darle nada de mí al mundo. Yo no tengo ojos maravillosos. "As he is no longer beautiful he is no longer useful" said the Art Professor at the University. Yo que sé. Las hojas pasan. El colectivo encuentra un pozo y todos saltamos.

Pronto llega "the Nightingale and the rose". Pronto los ruiseñores mueren por los estudiantes de filosofía. Pronto una mujer que pide una rosa roja por no pedir una luna azul o un cielo amarillo. O una media negra. Habrá sido bonita para pedir. Las rosas rojas que no aparecen en los jardines. Tampoco el amor. Los bailes. Los inútiles sueños de los ruiseñores. El colectivo dándome a conocer el mundo. Otros saltitos mas. "What a silly thing Love is," said the Student (...) "I shall go back to Philosophy and study Metaphysics." CARCAJADA. Movimientos torpes. Risas fuertes. (la gente se da vuelta con mirada de sospecha, no comprenden el grado de identificación que pueden generar los pensamientos de las personas)

Cierro el libro. No hay rosas rojas en el colectivo. Sólo hambre. El viaje es demasiado largo e interminable. The sky was covered with cotton and I remembered some song: "I wonna get some food..." Golpecitos en mi maletin. Sube al colectivo un señor con una caja gigante. Se sienta al lado mío. Una comunicación con golpecitos. Tan tarán tararararán. Tun turún turururu rún. Música del viaje. El también quería comida y parecía conocer a Nelly McKain. Yo, feliz. Luego una muchacha de sonrisa bonita toca el timbre y se baja. El colectivo se detiene. La música también. La muchacha me mira y se baja y se enrieda el saco en la puerta sin darse cuenta. El colectivo sigue su marcha y se escucha el grito de la señorita. Yo toco el timbre con todas mis fuerzas y el señor-con-la-caja toma el saco y se baja para pasárselo a la chica, sin dejar de cargar su caja pesada. El colectivo los olvida y se va. CARCAJADAS . El señor de la caja no debía bajarse allí pero parecía creer en las rosas rojas. Yo pienso si habrá muerto otro ruiseñor por amor. No importa. Me río solo. Los conductores de colectivo deciden donde debemos estar todos.

Al rato se sienta al lado mío una mujer without underwear. Todos se dan vuelta cuando ella se sienta. Luego la miran de tanto en tanto y se tapan con carpetas, bolsos, manos... las entrepiernas. Ella era extraña. Era parte de un juego. Era una mujer que llenaba los asientos vacíos. Cada vez que una persona se baja, ella llena su asiento. Todos se dan vuelta. Ella olvidó su bombacha en algún país lejano o cuando se bajó en otro colectivo se le enredó en la puerta y entonces quedó condenada para siempre al juego de llenar asientos. A reemplazar personas. Un niño también se dio cuenta de ello y empezó a jugar con las ausencias. Entonces todos los asientos se vaciaban y se llenaban. Yo pensaba si uno no hace eso... llenar asientos vacíos.

Finalmente llegaba el juego de creer que uno conoce el mundo. Y tocar el timbre. Y creer que la puerta que uno abre es la de la propia casa, para subir la escaleras y llenar el cuarto propio y la cama. Y con los balcones, los ojos. Y luego la pregunta eterna sobre quién elige las rutas de los colectivos. Y si uno viajara en otro lado o si me hubiese tocado otro asiento, si uno conociera otras cosas. O si en vez de la economía sería la odontología y de la poesía, la ginecología. Si en vez de escuchar Nellie McKay esa mañana hubiese escuchado Sebastián. Y esas miles de cosas que hacen que en los cuentos de Oscar Wilde mueran las más bellas aves o gigantes o buenos amigos... y luego dormir con hambre.

The Dog Song

Falta eso de pasear un perro y ser feliz. Inventar ladridos y lenguajes nuevos. Saltar. Comer unas medialunas mientras Nellie McKay toca su piano y le da golpecitos. Seguro que podría ser bueno hablar con ella. Descifrar el arte de la risa. No, mejor no descifrar nada. Pasear ladrillos por las calles de Salta. Waf waf. Llenarse de picante la boca luego de comer empanadas. Waf. Nada de simbolos. De vasos de plásticos que sean el mundo o el abandono. Nada de terapias para solucionar la falta de Dios. Sólo saltitos. Golpes al piano. Descubrir lo especial de cada momento especial. Sacar la lengua. Saber que cuando uno ama es verdadero. Luego uno termina siendo economista o pianista o esposo o escritor o cuidador de la puerta o de la cultura o el que esta a la derecha de la tía o el nieto más grande o miles de cosas or a good dog.