lunes, 24 de marzo de 2008

Food

En Salta todo estaría quieto si no fuese por los colectivos. Se llevan las almas de las personas. Las ponen aquí, allá, acá. Las señoras con bolsas levantan sus manos para detenerlos. Pocos les dejan asiento. Yo como siempre llevo un libro para leerlo en tiempos de movimiento. Oscar Wilde saltando de un lado al otro. The Happy Prince and other Stories. Yo sentado al final para ver las cosas como suceden y de paso una ojeada. "Dear little Swalow...". La golondrina muere a mis pies sin darle nada de mí al mundo. Yo no tengo ojos maravillosos. "As he is no longer beautiful he is no longer useful" said the Art Professor at the University. Yo que sé. Las hojas pasan. El colectivo encuentra un pozo y todos saltamos.

Pronto llega "the Nightingale and the rose". Pronto los ruiseñores mueren por los estudiantes de filosofía. Pronto una mujer que pide una rosa roja por no pedir una luna azul o un cielo amarillo. O una media negra. Habrá sido bonita para pedir. Las rosas rojas que no aparecen en los jardines. Tampoco el amor. Los bailes. Los inútiles sueños de los ruiseñores. El colectivo dándome a conocer el mundo. Otros saltitos mas. "What a silly thing Love is," said the Student (...) "I shall go back to Philosophy and study Metaphysics." CARCAJADA. Movimientos torpes. Risas fuertes. (la gente se da vuelta con mirada de sospecha, no comprenden el grado de identificación que pueden generar los pensamientos de las personas)

Cierro el libro. No hay rosas rojas en el colectivo. Sólo hambre. El viaje es demasiado largo e interminable. The sky was covered with cotton and I remembered some song: "I wonna get some food..." Golpecitos en mi maletin. Sube al colectivo un señor con una caja gigante. Se sienta al lado mío. Una comunicación con golpecitos. Tan tarán tararararán. Tun turún turururu rún. Música del viaje. El también quería comida y parecía conocer a Nelly McKain. Yo, feliz. Luego una muchacha de sonrisa bonita toca el timbre y se baja. El colectivo se detiene. La música también. La muchacha me mira y se baja y se enrieda el saco en la puerta sin darse cuenta. El colectivo sigue su marcha y se escucha el grito de la señorita. Yo toco el timbre con todas mis fuerzas y el señor-con-la-caja toma el saco y se baja para pasárselo a la chica, sin dejar de cargar su caja pesada. El colectivo los olvida y se va. CARCAJADAS . El señor de la caja no debía bajarse allí pero parecía creer en las rosas rojas. Yo pienso si habrá muerto otro ruiseñor por amor. No importa. Me río solo. Los conductores de colectivo deciden donde debemos estar todos.

Al rato se sienta al lado mío una mujer without underwear. Todos se dan vuelta cuando ella se sienta. Luego la miran de tanto en tanto y se tapan con carpetas, bolsos, manos... las entrepiernas. Ella era extraña. Era parte de un juego. Era una mujer que llenaba los asientos vacíos. Cada vez que una persona se baja, ella llena su asiento. Todos se dan vuelta. Ella olvidó su bombacha en algún país lejano o cuando se bajó en otro colectivo se le enredó en la puerta y entonces quedó condenada para siempre al juego de llenar asientos. A reemplazar personas. Un niño también se dio cuenta de ello y empezó a jugar con las ausencias. Entonces todos los asientos se vaciaban y se llenaban. Yo pensaba si uno no hace eso... llenar asientos vacíos.

Finalmente llegaba el juego de creer que uno conoce el mundo. Y tocar el timbre. Y creer que la puerta que uno abre es la de la propia casa, para subir la escaleras y llenar el cuarto propio y la cama. Y con los balcones, los ojos. Y luego la pregunta eterna sobre quién elige las rutas de los colectivos. Y si uno viajara en otro lado o si me hubiese tocado otro asiento, si uno conociera otras cosas. O si en vez de la economía sería la odontología y de la poesía, la ginecología. Si en vez de escuchar Nellie McKay esa mañana hubiese escuchado Sebastián. Y esas miles de cosas que hacen que en los cuentos de Oscar Wilde mueran las más bellas aves o gigantes o buenos amigos... y luego dormir con hambre.

1 comentario:

milanesadesoja dijo...

Me parece que estás muy caliente con Nellie McKay..

La gente de relleno está en todas partes (si habremos hablado de eso..), el juego de las ausencias es mi juego favorito, y a vos te conozco pseudochamán puneño que abusa de lo cotidiano...

Salú