miércoles, 30 de abril de 2008

I Wanna Get Married

Hay dos cosas inevitables en esta vida: la muerte y el casamiento. Lo demás parece un simulacro del tiempo. Quizás pura distracción. Tránsito sin mas. Trivialidad. Ideología.

No se trata sólo de que el Amor se remonte a los más recóndidos tiempos, sino que antes de toda consideración metafísica sobre el otro hubo soledad en el hombre. Divorcio entre el mundo, los otros, los demás, dios, las palabras, las cosas y sí-mismo. Como si el momento que inaugura aquello que se llama hombre fuera una ruptura de una relación con el mundo, de un lazo que se rompe. Como si al principio la unidad y la ruptura de esa unidad primogenia. Antes incluso de la consideración de la muerte, antes del hombre muriente, antes del hombre mortal: el hombre divorciado. Por eso la tragedia. Por eso el consuelo de lavar los platos, de esperar con una sonrisa, de procrear hijos sanos, caminar de la mano por las calles, preguntarnos sobre el ser. Porque mas acá de la muerte, la soledad. La disociación con el mundo, con el cosmos, con las calles, con las manos que sujetan las manos de otros, rompecabezas o rompepelotas, urgencia de una ontología que sujete las sombras con lo que le daría razón de ser y que nos sujetaría de nuevo con los demás. Como si alguna vez hubiese un Edén, un segundo milagroso donde la unidad o al menos el paraíso de la cercanía con nosotros mismos.

No hace falta respaldo en ejemplos ni menos aún la construcción de una teoría. Estos asuntos pueblan las conversaciones, la literatura universal y las telenovelas de la tarde: Ella sueña vestirse de blanco, un hijo que sepa sonreir, caricias cuando la noche se disuelve. Uno que usaría el traje para cumplir esa fantasía. Despertarse a la mañana, trabajar, y luego alimentar a los hijos con historias de joven, de día, de mes, de fútbol, de política, religión y todas esas cosas que parecen dar aliento a la vida social. La muerte en una esquina, sin más. Como riéndose de ese anhelo de sobreponerse a ella. Como diciendo: ja, hijos. Como Cronos atragantándose con hijos. Piedras. Rea. Y ella siempre vestida de blanco, de ella, sin fuerza en las manos, llantos de a cada tanto, sin caballos blancos pero con cabellos blancos, sonriendo en los sueños, quizás frente al espejo y yéndose siempre. Como si sospechara que en realidad ocurriese todo lo contrario a la soledad, que cada dedo está sujeto por una mano, que cada isla está unida por los mares y los rincones por el silencio. Quizás ella sabe lo mismo pero de otra manera. Que si bien al principio el divorcio, es inminente la unión. Como en La Trama de Borges: todo fue un engaño para repetir las simetrías y las escenas. La muerte advendrá sin más, como la traición, los lugares comunes y el casamiento. Citando a Nellie McKay:
"I wanna get married/ That's why I was born".

martes, 15 de abril de 2008

Long and Lazy River

Pude saber que era tarde. Que siempre es tarde. Que los demás jamás se equivocan. Que si pasa la cuestión por ser responsable, entonces no voy a poder mirar al costado. Fue mi responsabilidad. El tren solo se mueve linealmente, no piensa cuando cierra sus puertas ni hay un destino muriendo dentro suyo. El tren se fue y listo. Por la impuntualidad o la electricidad o lo que sea, porque la gente no se compromete, por que no llegué en el momento preciso, porque el tiempo en que el corazón bombea sangre al cerebro y las demas partes del cuerpo y... bueno, por la inexistencia del instante, porque hay cosas que no tienen cálculo y porque tapé mi boca con puras risas. Entonces el tren pasó y no me escuchó gritarle que podía morir si se pasaba y pasó y el reencuentro fue imposible y sus puertas se cerraron para siempre o hasta el nuevo viaje, pero ya mi boleto no sirve, que más. Como si no hubiese sabido desde el principio que el otro es lejanía, punto utópico de encuentro, que hasta los ingenieros motrices saben que los autos no se pueden fabricar con dos volantes, que es imposible conducir dos destinos al mismo punto de llegada, que si usara un buen reloj en mi muñeca o que si hubiese perdido menos tiempo en elegir la corbata que quería usar...

Debí escuchar a la niña que cantaba en el tren del otro día, hablaba de los elefantes que se balanceaban en las telas de las arañas y pintaba con un crayón los vidrios. Y uno que cree que puede seguir sumando elefantes a las telas. Esto de la irreversibilidad del tiempo, de las tasas que se rompen y no se reconstruyen jamás, de la leche derramada, de quemarse con leche y llorar al ver una vaca. Y lo peor, no saber jamás que pasa del otro lado. Porque esto de construir puentes en el vacío, de no saber si una persona está loca o no. De no tener ninguna seguridad ni siquiera de la psicología, de la sociología o de la cosmética. Quizás si el estudio de los astros y las personalidades sería de alguna ayuda... pero si dos mellizos nacen juntos a la misma hora y uno es rico y el otro pobre, sus destinos serán iguales? Que sé yo. Para San Agustín esto bastaba para refutar a la astrología. Entonces qué queda. Casi la fé religiosa para creer en el otro, meter las manos en el fuego, dice el refrán, sin que ninguna ciencia del después nos garantice nada. Quizás ni siquiera se trata de garantías, sino mas bien de llegar a tiempo, de los momentos precisos y de.... no sé, la literatura se nutre de tragedias...y la Física... cada vez se remite mas a cuestiones menos sustanciosas, es más, sirvió solamente para que el tren se vaya por no sé que ley del movimiento y también por estudios avanzados de ingeniería y electrónica.

Puf, esos saberes no ayudan en nada, sólo el saber de los horarios, porque si hubiese sabido el tiempo de salida... lo demás está de sobra, incluso la conciencia o inconciencia de mis actos, o la clase social a la que pertenezca. Jamás sabré si ahora hay odio en ella o si volveré alguna vez a verla, aunque sepa que los casquetes polares se derritan y que el sistema solar tiene cierta cantidad de años de vida o que el sistema capitalista decline en una crisis financiera irreversible que lleve a la hermandad automática del ser humano. Y de dios... bueno, sé poco, y no sé bien a que religión pertenece y además no lo conozco como para pedirle ayuda... y hay quienes sostienen que existe... pero el punto es que no fui una buena creatura. Yo soy de los que llegan tarde. No sirvo para los trenes ni las religiones. Pero ella... quizás está esperando el tren como la vez que la conocí, porque ella tiene aspecto, características, de personas de fe, porque sino... para que esperar si no se sabe? además, la mujer a diferencia del hombre tiene la posibilidad física de extender la vida y de sentir esa experiencia en su propio cuerpo y el hecho que haya tenido una amiga o una tia o vecina o haya escuchado alguna canción romántica de Nellie Mckay y sonría al hacerlo... no sé, le debe hacer creer en la humanidad, aunque hubiese sido mejor, me parece, que no vaya a esperarme... porque yo no llegaré jamás, porque el ser humano es distancia y eso desde que nace y el cordón umbilical se corta, como los trenes que cortan en mitades a las personas luego de cerrar sus puertas, y que sé yo, quizás haya un río largo y perezoso en mi alma que me impida tomar los trenes.

martes, 8 de abril de 2008

Tipperary

Mirar la luna, el mar. Todas esas cosas olvidadas. Nosotros. ¿yo? El cielo perdido por las calles. Los sonidos de las botellas cuando se abren. Extraviadas risas de los amigos. Sólo nos quedan las partes. Todas las cosas que se pierden cuando se sabe. Cuando la mente decide avanzar a nuevas cosas dejando hojas en blanco o en negro o con la luna de fondo o con el mar a lo lejos. Lejos nosotros siempre. Nunca la calma. You will have a house in Tipperary. Nadie puede atar los cabos sueltos. A cottage by the sea. El mundo desparramado en pedazos. A cottage on the prairie. Solo las cosas. A home for you and me. Qué... me querés partir a la mitad? A house in Tipperary. Podremos encontrar un hogar? A house in Tipperary ¿adónde nos queda escapar? Where we can go out to our cottage by the sea.



Golpes. Brazos abajo. Rodillas que se hunden.





Uno... Todavía no hemos perdido. Dos... No sabemos si hay después pero puede haber mañana. Tres... No conocemos a las personas pero si los dedos gordos de sus pies. Cuatro... No morimos pero dormimos la siesta. Cinco... No somos felices pero sonreimos. Seis... No cantamos la oda a la alegría pero tarareamos a Nellie Mckay. Siete... No ganamos la guerra pero no perdimos la paz. Ocho... No apagamos el televisor pero tampoco las velas. Nueve... Quizás haya un hogar para vos y para mi. Nueve... Quizás mis brazos no sirvan para unir los mundos pero si para juntar las partes. Nueve... ¿ahora podemos dejarnos morir? Nueve... ¿después que no llegó a contar diez y la toalla no fue tirada? Nueve... ¿y sin habernos conocido?