miércoles, 11 de junio de 2008

P.S. I love you

Quiero que me ames. Que los días que llueven, una de mis cuatro manos sostengan el paraguas mientras millones nos abrazan. Que el sol no se esconda nunca como en las primaveras de Berlín. Que mientras con dos pies bailo, con los otros dos saltemos por los techos. Quiero tus risas dibujadas en las mías. Que nuestras sombras no se distingan de nuestras sombras. Que ya no haga falta nombrarme otro ni siquiera nombrarme. No quiero mas un despertador a las seis y treinta y cinco de la mañana, sino caricias cuando un rayo del sol asesine a mi almohada. Necesito que me ames para poder creer en el hombre y no en la soledad. En la paz de los besos y no en la guerra de los labios. En la esperanza que trae cada caricia.

Quiero que me ames. Que todos los días intenten ser hermosos. Que los gritos de la ciudad no me duelan. Que las conversaciones sean infinitas e inagotables. Que mis brazos sean abrazos y mis palabras no sean vanas. Que el tiempo sea nuestro y no de los relojes. Necesito de la belleza de la alegría. De tu risa anunciando el sentido de cosas olvidadas. O la bonita manía de creer que las cosas del mundo nos hablan a nosotros.

Quiero que me ames, no porque sea débil sino porque soy hombre. Porque quiero ese poco de eternidad, paz y redenciones que prometen el arte y las ideas bellas que hacen que el hombre se mejore a sí mismo.

Quiero que me ames, porque estoy cansado de la muerte, del cielo fabricado, de las calles limpias o sucias pero que siempre llevan a las mismas calles. Quiero que me ames como si el hombre no hubiese muerto. Como si jamás nadie hubiese hecho sufrir a nadie. O como si ningún hombre hubiese matado a ningún hombre. Quiero que me ames con simpleza e inocencia.

Quiero que me ames, no para amarte, sino porque te amo. Tampoco por el aborrecimiento al vacío que sienten las almas que se saben arrinconadas por la soledad. Porque lo cierto no es que el mundo está partido, sino que lo partido es el mundo y que nosotros somos ese mundo disuelto.

Será entonces por ello que todo hombre, más alla de las diferencias, está hecho de pedazos. Será entonces por ello que no bastan las palabras y que todo deba reunirse y las almas encontrarse. Será entonces por ello que no hay razones, simplemente te amo.




lunes, 9 de junio de 2008

Zombie

Las puertas se cierran y empieza el viaje. Cada segundo está controlado. Do the zombie. Las puertas se cierran. La espera. Do the zombie, woah, yeah. El próximo camino ya se sabe. Do the zombie. Las oraciones terminan en claros puntos. Do the zombie, woah, yeah.

Gente que espera en la puerta su salida. Sha, la, la. Gente que espera en los andenes su llegada. Sha, la, la. En las escaleras caminan las piernas como agujas del reloj. Sha, la, la. Imposible perderse. So come on. Un mapa: el mundo también se sabe. Do the Voodoo Shake.

En el corazón del mundo: el tiempo. La medida de lo que es. La justa medida del ser. Nada de confusiones entre tantos colores: amarillo, blanco, negro, grises, verdes. Todo es tiempo. En su esencia movimiento continuo y regular. La multitud de lenguas no se confunden en ese tiempo único. Se configuran, distribuyen matemáticamente. Como si fuera el lienzo soñado por algún maestro clásico de pintura. Seguramente el sueño de Da Vinci. Ni que decir de Kant. Casi una demostración ordinaria de la Estética Trascendental, este tiempo único es la condición de posibilidad de todas las experiencias.

Así es la disciplina hasta en la mordida de los sandwiches. Las señoras que cruzan las piernas despues de trece pestañeadas. Trece puñaladas que necesitará ella para morir luego de bañarse. Un caso para el casi ridículo personaje de Borges: Lönnrot, en "La muerte y la brújula". Quizás no el peor mundo posible pero si en el que hace imposible los otros mundos. Un mundo para pocas sorpresas. Para una Nellie Mckay que no corra aterrorizada porque su sombra la persigue.

En el mundo de las formas, lo posible ha de seguir su constante repetición. Lo demás es perfecto:
Saber que uno llega a casa todas las noches. Saber que el día muere con la noche. Saber a cuanto hierve el agua. Saber cuantos hijos tener y cuanto vivir. Saber que los zombies no tienen que bailar. Saber el precio del tomate. Saber que las puertas se cierran. Olvidar que nuestras sombras nos persiguen.