miércoles, 16 de julio de 2008

David II

Y los amantes se deshacen como los helados...

Yo tardo mucho en creer en esas simetrías, quizás porque los directores de tesis quieren trabajos acotados, bien puntuales, hiperespecializados, que no hablen del universo sin referirse con la precisión de las palabras a un mundo casi fácil de tocar con las manos, como si existiera la posibilidad de saber de esa manera, dando manotazos y llevando las cosas a bolsas de plásticos. Entonces me cuesta convencerme de lo que veo aunque sepa que es inevitable. Los helados. Los amores que no tienen cultura específica ni un nombre y que aquí, en Berlín, que es todos los lugares, pueda ella que es oriental/egipcia/mujer/occidental/alemana/una caleña que es como las flores acercarse a él con las piernas debilitadas, dobladas, sin aire, sosteniéndose como una hoja de otoño a una rama que no termina nunca de caer, como si la vida no fuese mas que una caída. Cosa tan parecida a un mural de arte egipcio, al final prematuro de Ofelia, a los juegos en los que los niños esconden sus sentidos metafísicos. Al escondido. Al periodo oscuro del surrealismo. A las cosas que todavía no sabemos. Como vivir, amar y ser felices.

Dos ratones jugando entre la vía. Otra prueba ineludible de que el progreso no puede saturar la vida en la mas insignificante de sus formas. Es que en la vías tambien hay vida y juegos. Sutil fracaso del mundo moderno que se escapa entre los caños y los cristales de los ojos desprevenidos. Trenes que no detienen la prisa. Perros amaestrados que suben con diarios en la boca. Pasean y en el fondo creen en la dignidad del trabajo. Yo no tengo cambio. Quizás de diez o de veinte. Pero en el fondo sigo siendo el mismo. Manera triste de confirmar que el ser es uno. Yo el mismo que leía a Borges, jugaba no tan bien al fútbol, escribía por antojo y camina como si hubiese perdido algo, al de los incontable nombres, el que se enamoró de ella, el que ya no habla con él, el que antes escuchaba aquello y ahora lo otro, el que alguna vez sonrío al leer la biografía del che guevara, sigo siendo el mismo.

Entonces las simetrías vuelven a tomar su rumbo. David es pronto alguna otra que una vez amé y no atendió su teléfono. Hamlet soy yo creyendo en la justicia, en la forma perfecta que deben desarrollarse las cosas. Mis amigos son aquellos otros que una vez intentaron convencer a Sócrates que no se mate. Que no muera. Que persiga el camino que lo aleje de la muerte.

Y los amantes se deshacen como los helados...


La casualidad de convencerse como Niklas Luhmann de que el amor y la pasión se confunden. Que a veces las piernas que rozan piernas son como los helados y no como los amores. Que se derriten. Que parecen dulces pero ensucian. Que son ricos. Que los hay de todos los sabores. Que si no tienen buen gusto nadie los come. Y que son muy pocos los que se enamoran de sus huesos.

viernes, 11 de julio de 2008

David

Y que más. Sólo ella puede oír detrás de las paredes. También ver, sentir y conocer las verdades que se refugian en el corazón. Las esencias. Ella que es un niño y que se parece al Sócrates que no sabe nada y que por eso sabe. Porque ni la muerte le es tan obvia. Porque los sueños no son solo ojos que se cierran. Porque en su mundo la verdad no se lleva en palabras muy pesadas.


David sólo mueve su rostro cuando hablas, casi retrata a la perfección la seguridad, la comprensión y los besos que se sienten en el alma. Lo demás es mentira. Arte de saber besar, arte de saber decir, arte de saber parecer, arte de saber. Lo demás es simulacro del amor, sensación. Seducción. Sincronizacióm de las pulsaciones. De letras. De conceptos.


Sólo el Principito ve las mañanas bonitas. Eso es porque reconoce a las boas que se comen a los elefantes de los sombreros. Tarea no tan sencilla cuando toda existencia parece ya escrita por alguien, por la Enciclopedia China de Borges o la Crítica de la Razón Pura de Kant. Lo demás puro automatismo psíquico. Mecánica de las almas errabundas en la geometría euclideana. Desesperación ante el conocimiento de las fronteras, de las categorías a priori del entendimiento, de las leyes innatas de la biología, y las inviolables razones del alma y la historia.


David no contesta. No llama. No escucha. Parece el mundo desintegrarse en un grito que no pasa al otro lado. Ella que es un niño que no tiene razones suficientes ni pretextos como para no preferir la muerte. Entonces no sabe. Entonces le seduce ser Ofelia, algo inevitable en las almas conscientes de su soledad. A pesar de no querer morir como en Berlin entre paredes silenciosas. Como los vasos de plástico que aplastan las manos siempre sedientas. Ella cree en la muerte como un juego, que puede hablar a través de ella, que puede reir después de ella.


Nellie Mckay que renuncia a pensar con tal de tener a su hombre. Tarea poco sensata y melancólica pero al fin y al cabo disyunción entre el saber y la soledad. Disyunción entre esta forma de separarnos del mundo y la más ingenua pero posible forma de transcender nuestra mismidad: como el yoghurt que se mezcla con los cereales para ser algo sin nombre. Como eso que no es ni día ni sol. Ni noche ni mañana ni pasado mañana. Tampoco ayer ni hoy. Como aquel azul del que está hecho el cielo y nadie sabe y que es todos los azules y todos los cielos.


viernes, 4 de julio de 2008

P.S. I love you II

Son pocos los que saben de las muertes en los trenes. Menos gente aún ha visto a Winnie Poo abrazando las vías donde duermen los sueños. ¿Qué niño bonito lo habrá arrojado y antes abrazado? ¿En qué cumpleaños habrá sonreido primero, en de los ositos cariñosos o en los de las brujas malvadas? ¿Cuántos besos tendrán sus mejillas cosquillosas? ¿Qué bonita niña habrá desayunado temprano para ver su cuerpo pintarse con su sangre, de amor mas tarde, pero primero con su sangre? ¿Qué se escurre con los días? ¿Será miel, manteca o queso? ¿Porqué los trenes no lloran?

Ella se maquilla en los trenes. No tiene tiempo. Nada tiene tiempo. El tiempo es algo que descubre la gente que ve partir a los trenes. Luego de los abrazos y unos besos invisibles. Todo lo demás se parece a las iglesias góticas cuyos techos parecen huir al infinito.

Ella sigue siendo hermosa y cuando me mira es tu o vos y los verbos se conjugan de otra manera, si fuera en alemán tendría además otras declinaciones o perderia la "s" en inglés. Entonces todo cambia. Tambien cambian los intentos de decir las cosas, porque el presente no alcanza... porque hablar como si todo fuera eterno es imposible, sobre todo cuando amar no es una rutina. No es como levantarse a las seis de la mañana porque los trenes se escapan de las ciudades, ni tampoco es como tener una edad, o un país de origen o una lengua madre, tampoco es una ley fisica. Amar no tiene la permanencia del tiempo gramatical de las palabras, tampoco es fugaz como los humos de las esperas, a pesar que tenga la duracion de los pestañeos. Quizas es como el sol poniente que es todos los soles ponientes. Quizas Hamlet ame a través mío y yo también a través de Hamlet. Quizas sea un dios el que ame a través de nosotros y nosotros a través de ese dios que todavía no creó el universo. Quizás el amor es esa forma de saberse atemporales, sin tiempo, sin tener tiempo, ni siquiera eternos, ni eternidad, sino a las corridas si es que queremos salvar a las agujas de los relojes o detenidos como las rocas que simbolizan la eternidad.

Ella se maquilla en los trenes y no se da cuenta de los peligros. Esa mujer que es todas las mujeres (porque es única), vive con el peligro como si fuese un juego mas (el único), como si fuese todos los juegos. Ella que vive como realmente vivimos todos si es que fuesemos todas las vidas (las únicas). Yo la amo como si las amara a todas, a las de antes, a las de mañana, a las de ahora, a las de nunca. A las malvadas y a las tristes, a las que no me sujetan la mano cuando caigo, a las que me levantan, a las que me hacen reir y a las que solo consiguen que llore.

Yo la miro como si no pudiera salvarla de que la ame. Como si el tiempo fuese tan irreal como la distancia. Yo que no puedo evitar que esas vías sean todas las vías y sus muertos, todos los muertos.