
"If you run I'll pull a gun
Give me head or you'll be dead"
Nellie Mckay
Give me head or you'll be dead"
Nellie Mckay
Que sí, soy tuyo. Aunque no lo hayas sabido esa noche cuando yo, yo... ya era parte del frío y de las calles rotas. No lo supiste a pesar de que no pude esconderte mis manos ni mis penas. Yo que me hice transparente y como muchos que prefieren creer en la polisemia del lenguaje y en la falta de verdades, entonces traté de decirtelo con pedacitos de hojas de algún otoño. Quizás también hubiese querido creer lo contrario, que la soledad no me apunta con sus armas cada vez que te suelto de la mano o, peor aún, que en realidad te encuentro en mis soledades. Entonces recurro al lenguaje del cuerpo que dice menos y juego con mis sombras para intentar perderte pero no puedo. Hacer ello sería condenarme a una muerte en el abandono.
Rara esta sensación de no saberse propio. Rara la manera en que ahora me pierdo en los espejos. Yo que ya dejé de ser solo yo para ser tu/vos u otros y ahora tuyo. O una mano que se amarra a otra o un destino que persigue a otro destino y que no pueda sino dar sombra para que ese fragil cuerpo se refugie de la lluvia, de los peces muertos que caen del cielo, de los rayos que me callan cuando lloro.
Raro que no me hayas sabido tuyo, porque si somos honestos, si realmente lo fueramos, sabrías que estuve en todas tus historias, estuve viéndote a los dos años cuando ya aparecía ese rostro de niña que daría sol a mis nostalgias, también estuve en tus juegos de muñeca o en alguna canción que cantaste de adolescente o en todas esas formas en que simbolizas al amor. También estuve en tu primer beso aunque jamás lo hayas sabido. Yo era parte de ese labio que besabas cuando sentiste con tu lengua algo humano en ese cuerpo. Yo estaba ahí. Yo era parte de esa humanidad que encontrabas y no me parecería raro que te sorprendas porque yo también te encontré en otros labios, en otros amores, en otras risas. Pero la diferencia es algo sustancial, porque podrías decirme que yo no estuve jamás presente en esas narrativas, que jamás aparecí hasta ese día en que realmente aparecí. Pero no, quien ha leído al Principito sabe que ese niño hermoso estaba condenado a la muerte, que no podía sino caer en ese final, precipitado por ese destino. Lo mismo con nosotros. Cada cosa, cada pequeña cosa, me llevó a perder esa pertenencia a mi mismo y eso fue todo un proceso, tuve que pasar por otras caras, cuerpos, ciudades, vidas, para darme cuenta de ello. ¿Qué prueba tengo? Pues, dejame pensar... son muchas. Fijate cuando hablamos de muchas cosas, distintas y las palabras se nos aparecen idénticas y se nos presentan como "nuestras" o la primera reacción ante algo poco habitual o los momentos en que al abrazarnos realmente somos nosotros. Si, eso. Cuando somos nosotros. Cuando dejamos de ser vos y yo y somos nosotros y recién luego somos vos y yo. Esa es la prueba de que no soy propio, esa es la prueba de a quien iban todos mis besos, poemas, canciones, vivencias.
Es una pena perder tu silueta en la noche e imaginarte buscándome en otros labios. Sí, aunque no lo sepas. Aunque en realidad no sepas lo que buscas. Sería una pena pensar que nos encontraremos a los 60 años diciendo en chiste: si te hubiera obligado a besarme siempre hubiesemos sido esposos, amantes o los mejores amigos. O, peor aún, admitir muy tarde que somos "nosotros", que muchas cosas que creíamos individuales, personales, no eran sino algo poco sustancial. Todo por no saber dónde está el amor y confundirlo con las pasiones, todo por que hasta en este momento en que parezco tan seguro con mis interpretaciones me siento un loco, porque el mar es calmo cuando dos personas se aman. Luego vienen las agitaciones, pero en principio es calmo, y no necesita de sacudir al cuerpo de exterioridades y volverlo loco. Para eso estan las pasiones y los excesos, para eso sin lugar a dudas está la exageración del yo que es tan común en estos días de otoños y de ausencias.
En fin, ya que no lo supimos, por favor, al menos, sé dulce conmigo. Tengo un arma en la mano que puede matarte si no me das un abrazo.
Rara esta sensación de no saberse propio. Rara la manera en que ahora me pierdo en los espejos. Yo que ya dejé de ser solo yo para ser tu/vos u otros y ahora tuyo. O una mano que se amarra a otra o un destino que persigue a otro destino y que no pueda sino dar sombra para que ese fragil cuerpo se refugie de la lluvia, de los peces muertos que caen del cielo, de los rayos que me callan cuando lloro.
Raro que no me hayas sabido tuyo, porque si somos honestos, si realmente lo fueramos, sabrías que estuve en todas tus historias, estuve viéndote a los dos años cuando ya aparecía ese rostro de niña que daría sol a mis nostalgias, también estuve en tus juegos de muñeca o en alguna canción que cantaste de adolescente o en todas esas formas en que simbolizas al amor. También estuve en tu primer beso aunque jamás lo hayas sabido. Yo era parte de ese labio que besabas cuando sentiste con tu lengua algo humano en ese cuerpo. Yo estaba ahí. Yo era parte de esa humanidad que encontrabas y no me parecería raro que te sorprendas porque yo también te encontré en otros labios, en otros amores, en otras risas. Pero la diferencia es algo sustancial, porque podrías decirme que yo no estuve jamás presente en esas narrativas, que jamás aparecí hasta ese día en que realmente aparecí. Pero no, quien ha leído al Principito sabe que ese niño hermoso estaba condenado a la muerte, que no podía sino caer en ese final, precipitado por ese destino. Lo mismo con nosotros. Cada cosa, cada pequeña cosa, me llevó a perder esa pertenencia a mi mismo y eso fue todo un proceso, tuve que pasar por otras caras, cuerpos, ciudades, vidas, para darme cuenta de ello. ¿Qué prueba tengo? Pues, dejame pensar... son muchas. Fijate cuando hablamos de muchas cosas, distintas y las palabras se nos aparecen idénticas y se nos presentan como "nuestras" o la primera reacción ante algo poco habitual o los momentos en que al abrazarnos realmente somos nosotros. Si, eso. Cuando somos nosotros. Cuando dejamos de ser vos y yo y somos nosotros y recién luego somos vos y yo. Esa es la prueba de que no soy propio, esa es la prueba de a quien iban todos mis besos, poemas, canciones, vivencias.
Es una pena perder tu silueta en la noche e imaginarte buscándome en otros labios. Sí, aunque no lo sepas. Aunque en realidad no sepas lo que buscas. Sería una pena pensar que nos encontraremos a los 60 años diciendo en chiste: si te hubiera obligado a besarme siempre hubiesemos sido esposos, amantes o los mejores amigos. O, peor aún, admitir muy tarde que somos "nosotros", que muchas cosas que creíamos individuales, personales, no eran sino algo poco sustancial. Todo por no saber dónde está el amor y confundirlo con las pasiones, todo por que hasta en este momento en que parezco tan seguro con mis interpretaciones me siento un loco, porque el mar es calmo cuando dos personas se aman. Luego vienen las agitaciones, pero en principio es calmo, y no necesita de sacudir al cuerpo de exterioridades y volverlo loco. Para eso estan las pasiones y los excesos, para eso sin lugar a dudas está la exageración del yo que es tan común en estos días de otoños y de ausencias.
En fin, ya que no lo supimos, por favor, al menos, sé dulce conmigo. Tengo un arma en la mano que puede matarte si no me das un abrazo.