
"In the future everyone will have their 15 minutes of fame"
Andy Warhol
Las voces que nos llevan a una misma voz que no es nuestra, que no es de nadie. Ni de las palabras, ni de sus dueños. Porque no hay dueños. Porque muchas veces eso que llamamos voz no es más que una sonrisa sin gato. Luego, comprar una coca diet, las siete de la tarde, el semáforo que nos dice: deténte, ten cuidado, avanza en esta ciudad de las movilidades, de las nubes que se saben llorarán por los diarios y, bueno, después de todo, hay que usar la ropa para los llantos, las risas, las manos sobre las piernas y cosas por el estilo.
Lógica pérdida del sentido en las (des)apariciones, repeticiones y otros juegos de la insistencia, superficie del lenguaje. Fuga, escape de las palabras que se devoran a las caras y a los responsables. Que sé yo, ante la esperanza de que todo será efímero, hasta la comida, la vivienda y el agua, qué mejor que ser un amante de Edie Sedgwick, de las latas de Warhol, de estar en esas películas que evaden a las cosas profundas, a los intentos de hacer creer que la vida pesa, que pesa mas que una lata, que un gato, que una modelo.
Yo que quiero tomar algo light, dejar las siestas para los profundos, el llanto para los pronósticos y que me vean, despues de todo, el sueño pasa por ser famoso, ni héroes, ni villanos, mientras los feos se dedican al arte.